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La motivación, clave para la mejora del rendimiento escolar

Centros Genios

El interés del niño durante los procesos de enseñanza-aprendizaje es un elemento fundamental para la consecución de los objetivos didácticos. Gran parte de los pequeños que no logran grandes resultados tienen una característica común: una verdadera falta de motivación para estudiar, lo que les impide explotar sus capacidades cognitivas, conductuales e incluso emocionales.

Atención cercana para detectar sus causas

A pesar de que puedan existir rasgos comunes entre los alumnos con esta falta de motivación, sus causas pueden ser muy diversas: desde razones personales/familiares a un gran aburrimiento durante el horario escolar o una falta de objetivos educativos a medio o largo plazo.

Así, parece fundamental conocer a qué se puede deber esta desmotivación, detectar su origen y tratar de ponerle solución. Ello requiere una ardua labor de observación y un seguimiento psicopedagógico que nos pueda facilitar la diagnosis ya que en muchos casos el bajo rendimiento escolar no se debe a necesidades educativas especiales, sino a razones mucho más comunes pero más difíciles de detectar.

Encontrar una meta educativa

Una de las causas fundamentales por las que se produce la desmotivación en las aulas es la ausencia de objetivos a medio/largo plazo. Si desde pequeños conseguimos conocer cuáles son las motivaciones personales de cada pequeño, sus intereses, será más sencillo que en el futuro se sienta más involucrado en el centro educativo para, en su madurez, desarrollar una actividad vinculada a sus intereses personales.

El juego para mejorar la motivación

En el caso de los más pequeños es más difícil encontrar esta motivación a largo plazo. Sin embargo, sí pueden sentir más interés por juegos y actividades lúdicas. Por eso, para tener más posibilidades de lograr mejores resultados se deben realizar actividades que requieran un esfuerzo cognitivo, pero que mejoren su motivación.

El juego es una innovadora alternativa al respecto, puesto que puede potenciar el interés del niño/a por los conocimientos de diferentes áreas o materias al margen de que pudiera tener un interés específico previamente.

Una metodología integral

No todo es el desarrollo cognitivo. El trabajo sobre las emociones y las habilidades deben formar parte de la rutina de aprendizaje de cada pequeño. De esta manera, ya que las inteligencias son múltiples, aquellos alumnos que puedan tener más dificultades para desarrollarse cognitivamente pueden estar más motivados si se realizan actividades relacionadas con su destreza manual, sus habilidades sociales o su expresión escrita, por ejemplo. Además, será un beneficio para todos, puesto que su aprendizaje se realizará de forma integral y equilibrada, tratando sus talentos más y menos desarrollados.

Motivación intrínseca

Teniendo en cuenta estos principios será más probable lograr un mejor rendimiento escolar por parte del pequeño; consejos enfocados a conseguir que el interés provenga de él mismo. Una motivación intrínseca que logrará que tenga una predisposición muy alta por mejorar y aumentar su esfuerzo para seguir evolucionando en su proceso de aprendizaje.